Cuánto tiempo necesitamos dormir

Dormir es un factor muy importante dentro de nuestras vidas, ya que mientras lo hacemos, descansamos y nuestro cuerpo renueva sus energías.
Sin embargo, como señala el Dr. Eduard Estivill, director de la Unidad de Alteraciones del Sueño del Institut Dexeus de Barcelona, no existe un parámetro fijo en cuanto a las horas de sueño que necesitamos, pues dependen de cada caso particular.
Aunque se desconoce con exactitud qué exigencia de sueño tiene el organismo, los límites oscilan entre las 5 ó 6 horas y las 9 ó10 horas. Son múltiples los factores que influyen en estos tiempos, desde la edad hasta los genes. No todas las personas requieren la misma cantidad de horas para lograr un sueño reparador, sino que nos vemos influidos por nuestras características físicas y mentales. Para algunos expertos, la edad es el factor que permite en cierto modo hacer una clasificación al respecto, ya que, a medida que se envejece es menor el tiempo que se emplea en dormir:
- Un recién nacido emplea como promedio unas dieciocho horas en su sueño. Además, no distingue la noche del día, sólo se despierta ante la necesidad de lactar y, si se alimenta adecuadamente, los intervalos en que duerme son prolongados.
- A medida que toma noción de su entorno despierta más, y al cumplir su primer mes requiere sólo 16 horas de sueño.
- A los 2 ó 3 meses, el bebé logra saber si es de día o de noche y paulatinamente duerme sus ocho horas nocturnas. Hay casos excepcionales en los que a las pocas semanas concilia el sueño nocturno. Los pediatras afirman que un niño de tres meses, normal en su peso y talla, tiene condiciones para dormir la noche sin despertar a tomar el pecho materno, por eso es aconsejable adaptar a los bebés a no tomar alimento nocturno desde pequeños, para que estabilicen su horario de sueño en la noche.
- Al año dormirán casi doce horas por la noche y una siesta después de comer.
- Más adelante, al sueño se le dedica cada vez menos tiempo. Los jóvenes atareados en sus estudios y su recreación amplían sus horarios de actividades y disminuyen sus horas de descanso.
- Luego las responsabilidades del trabajo, el hogar, las relaciones sociales, la educación de los hijos, incrementan los desvelos en la etapa adulta.
- En la vejez las personas cambian sus deberes, sus hábitos y sus horarios, lo que repercute en su descanso nocturno.
De modo general, se puede decir que las necesidades son las siguientes:
- Lactantes: de 11 a 12 horas
- Niño: de 9 a 10 horas
- Adolescente: de 8 a 9 horas
- Adulto: de 7 a 8 horas
- Las personas mayores de setenta años: de 5 a 6 horas
El sueño reparador
Un sueño reparador es aquel que consigue eliminar el cansancio acumulado durante el día y regenera nuestro organismo. Pero, para ello no sólo se necesita dormir el tiempo necesario, sino que además se precisa hacerlo de la manera adecuada. Cuando no dormimos correctamente, se refleja en nuestros ojos que parecen pesados, opacos y con ojeras. La falta de sueño no afecta sólo al aspecto, sino también a las condiciones físicas; tenemos una sensación de desgana y cansancio permanente y nos cuesta cada vez más realizar las tareas diarias.
Un sueño reparador devolverá a los ojos el brillo natural y eliminará las ojeras. Además “cargará la batería” del cerebro. En muchas ocasiones, cuando llega la hora de dormir, se puede estar tan cansado que no es posible conciliar el sueño y hay estudios científicos que demuestran que el sueño no es completamente reparador si se llevan a la cama las tensiones acumuladas durante el día.
Alguno síntomas que nos indican que necesitamos dormir más o una calidad mejor del sueño:
- Nos cuesta levantarnos por las mañanas
- Tenemos problemas para mantenernos despiertos durante actividades aburridas o monótonas
- Tenemos tendencia a ser demasiado irritables con nuestros compañeros, familiares o amigos
- Encontramos dificultad para concentrarnos o recordar las cosas
- Qué ocurre si no descansamos lo necesario
Mediante diferentes estudios se ha comprobado que los individuos privados de sueño:
- Tienen dificultades para realizar operaciones matemáticas respecto a sujetos que habían descansado. El entorpecimiento de la capacidad está ligado a disminución en el metabolismo cerebral (procesamiento de los elementos que nutren el cerebro especialmente azúcar, analizado mediante técnicas sofisticadas de resonancia magnética).
- Además del mayor tiempo de reacción y la falta de concentración, la falta de sueño no sólo repercuten sobre el rendimiento académico o el trabajo, sino que puede poner en peligro la vida de los que conducen. Casi la mitad de los accidentes de tráfico se relacionan con el cansancio y falta de sueño.
- La falta de sueño también se ha relacionado con los problemas emocionales, como los sentimientos de tristeza y depresión.
- Además, la falta de sueño produce radicales libres que causan el envejecimiento prematuro. La piel pierde su brillo y lozanía natural y se vuelve opaca. Durante la noche el cuerpo elimina desechos, se recupera del estrés diario y descansa. Cuando no dormimos lo suficiente estas funciones se alteran. La piel expresa este ataque manifestándose opaca, con ojeras (al no eliminar desechos) y envejeciendo. Una persona que trasnocha frecuentemente ya sea por trabajo, placer o sencillamente por no poder dormir tiene una piel que no irradia salud y envejecerá prematuramente.
- A todo ello hay que añadir que dormir poco aumenta las probabilidades de volverse obeso. Los humanos queman menos calorías cuando duermen, de manera que puede sonar contradictorio que más sueño evita el aumento de peso. Sin embargo, las personas que duermen cuatro horas o menos de noche son 73% más propensas a la obesidad, tal vez debido a los efectos de las hormonas del apetito.
En definitiva, cada persona tiene sus propias necesidades en cuanto al número de horas de sueño que precisa para disfrutar de un sueño reparador. Y para ello precisa de un entorno, una conducta y un equipo de descanso adaptados a sus peculiaridades.
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